Ponencia presentada en el V Simposium de estudiantes de filosofía de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUC) - Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM)Invocación
“¡Inescrutables son los caminos de Dios!” exclama el versículo 11:33 de Romanos. Contrario al camino de muchos, ha sido la fe la que quien me llevó a la filosofía. Mucho más contrario aún, encuentro en ella un interminable bagaje de duda y asombro que me permite un tipo de fe cada vez más cuestionada y por ello más certera, en el sentido que las preguntas filosóficas permiten una feliz incertidumbre que contribuye al alejamiento de todo peligroso dogmatismo. Esta exposición está inspirada en una inocente enunciadopregunta de la infancia, durante en una de las típicas reuniones dominicales de formación pentecostalevangélica: ¿Existe el mal? ¿Cómo lo conocemos? Pregunta surgida en una comunidad que concebía el mundo desde la “Guerra Espiritual”, que tiene como punto de partida la rebelión de una de las creaciones supremas de Dios (Luzbel), que ocasionó una batalla supra-cósmica en la cual fue derrotado. En este sistema cosmológico existía un problema: Siendo Dios total bondad ¿Cómo es que una de sus creaciones adquiere el mal? ¿Habría creado Dios el mal? ¿Existió el Mal antes? Pensando en términos ontológicos ¿es un ser suprasensible? Estas preguntas no resueltas por dogmatismos insuficientes y teologías ineficaces, encuentran respuesta en un filósofo que hace más de 1700 años se hizo las mismas preguntas. Es intención de este trabajo dar a conocer sus argumentos.
Introducción
El presente trabajo pretende analizar las características epistemológicas y ontológicas que permiten conocer el mal en el planteamiento filosófico de Agustín. Si bien es conocido el concepto de mal (desde la perspectiva agustiniana) como la ausencia de bien y el hombre que conoce y participa del mal es aquel que se ha alejado de Dios, es necesario definir cóomo lo conoce, es decir, mediante quée facultad del alma (memoria, voluntad o entendimiento). Identificada la forma de conocer el mal, hay que indagar sobre quée tipo de conocimiento es: en nosotros o fuera de nosotros. Para ello se desarrollarán tres puntos: 1. Analizar la propuesta maniquea y su concepto del mal: Eel bien y mal como dos principios eternos, el mal que conoce al bien y desea apoderarse de él, la lucha entre los agentes del bien y los del mal, el bien y el mal como principios ontológicos e identificar el proceso de transición filosófica de Agustín 2. Desarrollar la epistemología agustiniana respecto al mal: pPlantear la pregunta correcta: ¿Cuál es el origen del mal? O ¿Qué es el mal?, la negación de un principio ontológico que sostenga el origen del mal, la participación en el bien y su conocimiento, la concepción agustiniana de alma, la imposibilidad de conocer el bien sin el Bien Supremo (Dios) y el conocimiento del mal desde las acciones que se alejan del Bien Supremo. 3. Desarrollar el concepto de Dios como bien supremo,. la naturaleza de Dios, el hombre que conoce el mal y su capacidad consciente de elección entre entregarse o no a la voluntad del Bien supremo.
1. Manes y el conocimiento del mal
Al momento de preguntarnos ¿Cómo conocemos el mal?, presuponemos que el mal existe. Ahora bien, afirmar la existencia del mal implica una segunda pregunta ¿Qué es y cCómo existe? Eesto puede ser respondido de múltiples maneras. Lo que veremos es el punto de vista de Manes, expresión intelectual de un largo proceso de reflexión gnóstica, cuya expresión sería el maniqueísmo que enfrentó Agustín de Hipona posteriormente.
Introducción
El presente trabajo pretende analizar las características epistemológicas y ontológicas que permiten conocer el mal en el planteamiento filosófico de Agustín. Si bien es conocido el concepto de mal (desde la perspectiva agustiniana) como la ausencia de bien y el hombre que conoce y participa del mal es aquel que se ha alejado de Dios, es necesario definir cóomo lo conoce, es decir, mediante quée facultad del alma (memoria, voluntad o entendimiento). Identificada la forma de conocer el mal, hay que indagar sobre quée tipo de conocimiento es: en nosotros o fuera de nosotros. Para ello se desarrollarán tres puntos: 1. Analizar la propuesta maniquea y su concepto del mal: Eel bien y mal como dos principios eternos, el mal que conoce al bien y desea apoderarse de él, la lucha entre los agentes del bien y los del mal, el bien y el mal como principios ontológicos e identificar el proceso de transición filosófica de Agustín 2. Desarrollar la epistemología agustiniana respecto al mal: pPlantear la pregunta correcta: ¿Cuál es el origen del mal? O ¿Qué es el mal?, la negación de un principio ontológico que sostenga el origen del mal, la participación en el bien y su conocimiento, la concepción agustiniana de alma, la imposibilidad de conocer el bien sin el Bien Supremo (Dios) y el conocimiento del mal desde las acciones que se alejan del Bien Supremo. 3. Desarrollar el concepto de Dios como bien supremo,. la naturaleza de Dios, el hombre que conoce el mal y su capacidad consciente de elección entre entregarse o no a la voluntad del Bien supremo.
1. Manes y el conocimiento del mal
Al momento de preguntarnos ¿Cómo conocemos el mal?, presuponemos que el mal existe. Ahora bien, afirmar la existencia del mal implica una segunda pregunta ¿Qué es y cCómo existe? Eesto puede ser respondido de múltiples maneras. Lo que veremos es el punto de vista de Manes, expresión intelectual de un largo proceso de reflexión gnóstica, cuya expresión sería el maniqueísmo que enfrentó Agustín de Hipona posteriormente.
1.1. La Cosmología de Manes[1]
Para Manes, el mal tiene una existencia ontológica. Hay dos principios eternos: el de la luz y el de las tinieblas, El segundo invadió al primero, este último creó al “hombre primigenio” (que fue dotado de los cinco elementos: luz, viento, fuego, agua y brisa – o hyle) para enfrentar a los “arcones”, pero en esta primera lucha la luz fue vencida y los hijos de las tinieblas devoraron los elementos otorgados al enviado de la luz; pese a la derrota, el Dios eterno envía nuevamente al hombre primigenio, pero esta vez con dos aliados: el “amigo de las luminarias” y el “espíritu vivo”, estos tres defensores del Reino de la luz, vencen al de las tinieblas e intentan rescatar los elementos devorados por los arcones, para ello crean el universo, donde el “espíritu vivo” invoca a cinco espíritus para que lo ordenen y vigilen de cualquier invasión al Reino de las Tinieblas; además, colocan a los arcones para que “vomiten luz” y así sea la fuente de las grandes luminarias, de sus partes desmembradas crearían el cielo y la tierra[2].
Para Manes, el mal tiene una existencia ontológica. Hay dos principios eternos: el de la luz y el de las tinieblas, El segundo invadió al primero, este último creó al “hombre primigenio” (que fue dotado de los cinco elementos: luz, viento, fuego, agua y brisa – o hyle) para enfrentar a los “arcones”, pero en esta primera lucha la luz fue vencida y los hijos de las tinieblas devoraron los elementos otorgados al enviado de la luz; pese a la derrota, el Dios eterno envía nuevamente al hombre primigenio, pero esta vez con dos aliados: el “amigo de las luminarias” y el “espíritu vivo”, estos tres defensores del Reino de la luz, vencen al de las tinieblas e intentan rescatar los elementos devorados por los arcones, para ello crean el universo, donde el “espíritu vivo” invoca a cinco espíritus para que lo ordenen y vigilen de cualquier invasión al Reino de las Tinieblas; además, colocan a los arcones para que “vomiten luz” y así sea la fuente de las grandes luminarias, de sus partes desmembradas crearían el cielo y la tierra[2].
El Señor de la luz haría una “tercera invocación”: el mensajero, el cual motivará a los arcones a
“vomitar” toda la luz que les queda, estos entregan también el pecado, fuente de la creación del mundo vegetal. El Rey del mundo de las tinieblas, con su “infernal esposa”, realizaría una “contraofensiva”, creando un nuevo ser a imagen y semejanza del Mensajero, este ser fue Adán. Dios envía a esta creación a Jesús para que le explique quien era y para hacerle probar el árbol del conocimiento, después de comprender la verdad maldijo su creación y se abstuvo de “toda relación sexual con Eva, pero esta cedió a los arcones y engendró a Caín y Abel, mientras que Set fue producto de Adán y Eva propiamente, por lo que la raza humana continuó con partículas de luz al interior de ellos[3]. Este relato encierra una serie de elementos que convienen analizar para explicar la forma en que conocemos el mal, según Manes. En primer lugar se presupone dos principios ontológicos eternos y opuestos., esta es influencia del zoroastrismo. Estos dos “Reinos” están en conflicto y producto de esta confusión es creado el hombre. Ahora bien, tanto el cosmos como los seres humanos son producto de una mezcla del bien y mal, entonces, estas dos naturalezas co-habitan y es el objetivo del ser humano despojarse de aquello que forma parte del Reino de las Tinieblas y formar parte del Reino de la luz.
Así, el ser humano es mezcla, el proceso de liberación de las fuerzas de la oscuridad inicia con un descubrimiento de Jesús: destilar la luz de los hombres usando al sol y la luna, cuando los hombres logren ser totalmente rescatados: “el marco de este universo arderá en un gran fuego de 1468 años, mientras se refinan los últimos fragmentos de material celeste, hasta que en el fin, toda luz sea restaurada en el reino de la Luz, y una vez más las tinieblas sean separadas y contenidas por los muros que el Gran Ban levantó con objeto de confinar para siempre sus poderes”[4].
1.2. El mal, un principio metafísico cognoscible por los sentidos
El relato cosmológico de Manes tiene como segunda característica el principio de explicación desde lo sensible, toda su propuesta, según Agustín, es producto de una construcción basada en lo identificable mediante los sentidos. Por ello, había una conjunto de rituales que partían de una serie de experiencias como la contemplación del sol y la luna, la observancia de algunas leyes (no participar de la guerra) e ingerir una especie de dieta rigurosa[5]. Entonces, el mal, para el ser humano, estaría en las cosas, y por lo tanto conocerlas es conocer el mal. Además, se participa de él, puesto que es parte constitutiva, es decir, el hecho de ser materia ya implica que seamos parte y participemos del “reino de la oscuridad”. El mal, en Manes, no tiene un antecedente ético, sino ontológico, es una de las “naturalezas” del ser humano, que está compuesto también por el Bien (la luz). El mal actúa con independencia, no depende ni de la voluntad ni del entendimiento humano para obrar, puesto que es un principio exterior, como pensaría Agustín en sus épocas de
maniqueo, como se refiere a continuación:
“Todavía estaba yo en la creencia de que no somos nosotros los que pecamos, sino que otra, no sé cual, naturaleza pecaba en nosotros, y se deleitaba mi soberbia con imaginarme libre de toda culpa, y cuando hiciese algo mal, con no confesar que era yo quien lo había hecho, para que sanarais mi alma, pues ofendía (Salmo 40:50); antes gustaba de disculparla, echando la culpa a no sé qué otra cosa que estaba conmigo, pero que no era yo” (Cfr. Agustín, Confesiones Lib. V Cap. 10, 18)
Manes considera el mal como un principio metafísico y que poseía una existencia ontológica, que está conectada con el mundo sensible. Vivir en el mundo, contemplar su estructura es conocer el mal y el bien al mismo tiempo, resulta inevitable, hasta el momento en que logre una total purificación. Sin embargo, aún logrado ello, el mal seguirá existiendo, sólo que separado ya del Reino de la Luz.
1.3. La transición de San Agustín
Es de conocimiento general que San Agustín pasaría nueve años en la secta maniquea, pero muchoa de su construcción cosmológica no lo termina de convencer, por lo que, decepcionado, se irá apartando de ella. Sin embargo, su búsqueda intelectual no cesa, y prosigue mediante un sistema de preguntas que se deriva una de otra:
“¿Quién es el que me ha hecho? ¿Por ventura no es mi Dios, que no solamente es bueno, sino la misma bondad? Pues, ¿de donde me ha venido a mí el querer desordenadamente unas cosas, y ordenadamente no querer otras de manera que esta repugnancia fuese justa pena de aquella voluntad injusta? ¿Quién puso en mí este veneno? ¿Quién introdujo en mi alma esta raíz de amargura, habiendo sido yo todo y totalmente hecho por mi dulcísimo Dios? Si el diablo es autor de este mal ¿Quién fue el que lo hizo a él? Porque el mismo por su mala y perversa voluntad, de buen ángel que era, se hizo y se mudo en demonio, ¿de donde vino a él esa mala voluntad con la cual se hizo demonio, supuesto que todo él fue creado bueno por el Hacedor de todas las cosas, que es infinitamente bueno?” (Agustín, Confesiones, Lib. X, cap. 10, 5)
Estas inquietudes son motivo de más dudas, pero el camino hacia la construcción de una nueva propuesta estaba en marcha. Sin embargo, en este estado de transición construye una peculiar manera de entender el mal y la forma de conocerlo. En principio, establece que no hay que buscarlo en la naturaleza, ya que ésta es creación de Dios. Además, tampoco hay que buscarlo en los entes espirituales, las esferas celestes o el cielo[6]. Estas dos conclusiones liberan a lo sensible de un principio ontológico y metafísico ddel mal; y este paso es importante porque implica un deslinde con los maniqueos, pero aún quedan elementos pendientes.
Estas inquietudes son motivo de más dudas, pero el camino hacia la construcción de una nueva propuesta estaba en marcha. Sin embargo, en este estado de transición construye una peculiar manera de entender el mal y la forma de conocerlo. En principio, establece que no hay que buscarlo en la naturaleza, ya que ésta es creación de Dios. Además, tampoco hay que buscarlo en los entes espirituales, las esferas celestes o el cielo[6]. Estas dos conclusiones liberan a lo sensible de un principio ontológico y metafísico ddel mal; y este paso es importante porque implica un deslinde con los maniqueos, pero aún quedan elementos pendientes.
Hasta ese momento Agustín no se ha librado del todo, hasta ese momento, de las influencias del pensamiento de su época, principalmente las ideas del gnosticismo. Por ello, considerará el mal como una masa de sustancias visibles e invisibles que es finita y limitada, mientras que Dios es una sustancia infinita que rodea y penetra esta gran masa[7]. Ahora bien, ¿de donde provenía el mal si Dios es bueno y rodea e inunda toda su creación? Esta pregunta es respondida con la pre-existencia de una materia que era mala, pero fue ordenada por Dios[8]. Sin embargo, esto generaba otra serie de preguntas: ¿Por qué la hizo? ¿No podía convertirla en toda buena? ¿Por qué usarla para la creación y no destruirla? ¿Por qué la dejó existir? ¿Podría existir sin Dios?
Este planteamiento todavía supone una existencia del mal, pero ya no tiene su propia “inteligencia” o sus propios “entes”. El mal se reduce aquí a la materia, lo que no deja de generar nuevas dudas e inquietudes. El camino de su reflexión lo conducirá a descubrir que el mal no es substancia alguna, ya que de serlo sería un bien, por provenir del Bien supremo (Dios), además: “o había de ser una sustancia incorruptible y eso era un bien muy grande, o sustancia corruptible, la cual, si no tuviera alguna bondad, no pudiera corromperse”[9]
2. La epistemología agustiniana respecto al mal
La búsqueda de Agustín concluye, como parte final de una primera etapa en su indagación sobre el problema del mal, de la siguiente manera:
“Busqué también entonces que era la maldad, y no hallé que fuese sustancia alguna, sino un desorden de la voluntad, que se aparta de la sustancia suma que vos sois, Dios mío, y se ladea y une a las criaturas inferiores que desecha y arroja todos los bienes interiores, y se muestra en lo exterior soberbia y orgullosa” (Agustín, Confesiones, Lib. VII, Cap. 17)
En su obra “De la naturaleza del bien: contra los maniqueos”, argumentará la suprema bondad de Dios, que toda la creación es suya y por lo tanto buena, ya que él es todo bondad y que ha creado todo de la nada, dándole a la materia un carácter nuevo de finitud y una categoría de bondad hasta entonces no percibida como elemento clave para evitar que la pregunta del mal se torne mucho más compleja[10].
En su obra “De la naturaleza del bien: contra los maniqueos”, argumentará la suprema bondad de Dios, que toda la creación es suya y por lo tanto buena, ya que él es todo bondad y que ha creado todo de la nada, dándole a la materia un carácter nuevo de finitud y una categoría de bondad hasta entonces no percibida como elemento clave para evitar que la pregunta del mal se torne mucho más compleja[10].
De este modo, se le quita al mal cualidades ontológicas y metafísicas , no tiene entidad en sí misma, sino que parte de las acciones humanas, esto significa que tiene un trasfondo ético y no sustancial. Sin embargo, ¿Cómo lo conocemos? ¿Es mediante nuestras acciones? Esta sería la respuesta de Agustín: que conocemos nos acercamos eal mal mediante la voluntad, y es el entendimiento que lo conoce cuando se está apartando de Dios y por lo tanto se está convirtiendo en maligno. Es decir, Agustín al quiso saber si la maldad era alguna “cosa”, pero no halló sustancia alguna, lo que encontró es un desorden de la voluntad, la cual se aparta de la sustancia suma que es Dios y lo acerca a las criaturas inferiores.
Ante este descubrimiento, la cosmología de Agustín parte de un solo principio: Dios, quien es el Bien. Al respecto se refiere:
“La cosmología de Agustín en fácilmente optimista. Le es en sumo grado sencillo reducir los males del mundo a meras privaciones o límites en el bien. Privaciones y límites que apoyan, más que dificultarlo, el orden universal. “También los males caen dentro del orden”. Las cosas cambian completamente, no obstante, cuando el panorama del mundo se mira a través del prisma ético. El mal físico y el mal moral terminan siendo cosas que no tienen en común más que en el nombre. Ni siquiera eso. El mal moral, que es el mal auténtico, recibe en el santo un nombre propio, bajo el que cobra el desorden ético toda su misteriosa hondura. (Álvarez 1954:388)
Lo expuesto anteriormente parece ser una “solución final” al problema del mal, pPero todavía queda un problema: sula manifestación del mal manifestación y y su presencia en el mundo, que a su vez toma forma en un nuevo concepto: el pecado, entendido como el acto humano para alejarse de Dios ¿Cuál sería entonces su naturaleza? ¿De dóonde provendría? ¿Cómo entró al mundo si este era bueno? Agustín estaría de acuerdo en que el mal sería el “no-ser”. Sin embargo, el mal está en el mundo, son visibles en las acciones humanas, si bien ha quedado claro que no tiene existencia ontológica, su conocimiento resulta difícil de definir. Por ello se hace necesario una explicación respecto al alma, y su forma de percibir el mundo.
2.1. La concepción del alma en Agustín
La verdad, para Agustín, sólo puede ser percibida por nuestra alma, dado que es inmortal e incorpórea y sólo lo que tiene estas características puede ser contemplado por sus propias características. Además, Dios es:
“…el primer ser, que es siempre lo mismo, en absoluto idéntico a sí mismo; que es inaccesible a toda corrupción o cambio; que ni está sujeto al tiempo ni puede ser hoy de distinto modo de cómo era ayer. Este ser es el que verdaderamente es, pues significa una esencia subsistente en sí misma e inaccesible a toda mutación. Este ser es Dios, el cual no tiene contrario, porque al ser sólo se opone el no-ser” (Agustín, De la Iglesia Católica y de los maniqueos, Lib. II, Cap. 1, 323)
El alma, para Agustín, no es corpórea ni mortal. En ella habitan los sentidos[11]. En reflexiones posteriores (el “Tratado sobre la santísima trinidad”), divide al alma en tres partes: memoria, entendimiento y voluntad. Cada una de ellas subyace al alma y esta no existiría si faltase una u otra. Ahora bien, el “acercamiento terreno deal mal” recae en la voluntad, la capacidad de decidir si permanecer en Dios o alejarse del, ligándose al cuerpo y sus demandas. Esto conlleva la siguiente situación:
“Cuando, despreciado el amor a la sabiduría, inmóvil siempre en su punto, se ambiciona la ciencia experimental de las cosas mudables y temporales, ciencia que infla y no edifica, el alma, gravada por su propio peso, es excluida de la felicidad, y por la experiencia de su medianía aprende, a sus expensas, la diferencia que existe entre el bien abandonado y el mal que cometió” (Agustín, Tratado sobre la santísima trinidad, Lib. X, cap. 14, 681)
Por lo expuesto, el entendimiento sería una vía por la que se puede conocer el mal, buscando sólo lo sensible y alejándose de la luz divina, la cual ilumina a los seres humanos para contemplar la verdad de las cosas. Es en la inteligencia con quedonde se inicia un proceso de alejamiento, que se traduce en acciones, propias de la voluntad, ambas interactúan simultáneamente, no jerárquicamente, dado que son parte de una misma unidad: el ser humano. La memoria no está excluida de esta situación, por el contrario, se almacena en ella aquellas interacciones generadas por el entendimiento y la voluntad.
2.2. El “iluminismo” de Agustín
Agustín sostiene que el mundo inteligible, para ser concebido por el entendimiento, que forma parte del alma, le es necesaria cierta iluminación. La “luz” a la que se remite el Obispo de Hipona, se puede dividir en dos grupos: la luz que ilumina y la luz que es iluminada. La luz que ilumina por sí misma es luz, la que ilumina no necesita otra luz para poder lucir, la iluminada para lucir necesita una nueva iluminación. Sólo Dios es la luz que ilumina, pues todas otras luces han sido hechas por Él, estas son numerosas y se pueden dividir en tres clases: 1. la que se ve con los sentidos (sol, luna, estrellas) 2. La sensitiva que nos permite ver lo sensible y también a los animales 3. La racional, con que entendemos y nos eleva sobre la toda la creación[12].
Asimismo, hay que distinguir dos tipos de “iluminación”: la activa (acción con la que la luz ilumina) y pasiva (luz producida por la iluminación activa), ambas se dan en simultáneo. Es por la iluminación activa que nos es develado el mundo inteligible y por esta acción es que lo conocemos. Sin embargo, podemos apartarnos de esa luz cuando caemos en pecado[13]. La distinción realizada hace un momento, permite precisar por cual tipo de luz es que entendemos, y esta es por la luz que proviene de Dios:
“Inteligible es Dios, inteligibles son también las verdades de las ciencias; con todo difieren mucho. Como también es visible la tierra y la luz, y sin embargo es imposible ver la tierra, si no está iluminada por la luz. Luego tampoco las verdades de las ciencias, que sin vacilación alguna admitimos como ciertísimas, podrán ser entendidas, según creemos, si no fueren iluminadas por otro como sol suyo. Por tanto, así como en este sol podemos observar tres cosas: que existe, que brilla, que ilumina, así también hay tres cosas en aquel Dios secretísimo, a cuyo conocimiento aspiras; que existe, que se conoce, que nos hace conocer las demás cosas” (Agustín, Soliloquios, Libro I Cap. 8)
Por lo expuesto, Dios ilumina las cosas para hacerlas inteligibles y todas las cosas son buenas dado que su creador es el supremo Bien. Sin embargo, no hay que pensar que Dios primero creó las cosas y luego las iluminó, esto sería como aceptar una naturaleza maligna de la creación que es redimida posteriormente. Por el contrario, Dios, suprema bondad, le da inteligibilidad a lo creado en el mismo momento de su creación, esto ocurre también para el alma, que participa de la iluminación por ser creación divina y que, al poseer entendimiento tiene un nivel mayor de intelección. Es decir, Agustín tiene la certeza de que al alma, le basta buscar a Dios para conocer lo que es verdadero.
Entonces, existe un proceso interno del alma por el que conocemos la verdad, las cosas son percibidas también por la misma, pero estas, por pertenecer a un plano sensorial, no son de mayor trascendencia. El alma recibe una luz que le permite acercarse a la verdad, si así lo desea, es decir, si quiere buscarla. Dicho de otro modo: “La ontología y la experiencia intelectual no está jamás ausente del alma, excepto en casos de gran perversidad; y la vida del alma es de hecho una búsqueda de Dios, por conversión de fuera a dentro y a través del esfuerzo tendente hacia los bienes, las verdades, el conocimiento interior de sí”[14]. Además, en el alma está la ley eterna, la cual llevamos impresa en nuestra alma y es aquella en virtud de la cual es justo que todas las cosas estén perfectamente ordenadas[15]. El alma es aquello por la que los seres humanos aventajan a los animales, y es por ella que es posible enseñorearse sobre las pasiones,[16] las cuales son el detonante?podrían para alejarnos de Dios y por lo tanto conocer el mal.
3. El conocimiento del mal y el mediante el libre albedrío
Por lo expuesto, Dios ilumina las cosas para hacerlas inteligibles y todas las cosas son buenas dado que su creador es el supremo Bien. Sin embargo, no hay que pensar que Dios primero creó las cosas y luego las iluminó, esto sería como aceptar una naturaleza maligna de la creación que es redimida posteriormente. Por el contrario, Dios, suprema bondad, le da inteligibilidad a lo creado en el mismo momento de su creación, esto ocurre también para el alma, que participa de la iluminación por ser creación divina y que, al poseer entendimiento tiene un nivel mayor de intelección. Es decir, Agustín tiene la certeza de que al alma, le basta buscar a Dios para conocer lo que es verdadero.
Entonces, existe un proceso interno del alma por el que conocemos la verdad, las cosas son percibidas también por la misma, pero estas, por pertenecer a un plano sensorial, no son de mayor trascendencia. El alma recibe una luz que le permite acercarse a la verdad, si así lo desea, es decir, si quiere buscarla. Dicho de otro modo: “La ontología y la experiencia intelectual no está jamás ausente del alma, excepto en casos de gran perversidad; y la vida del alma es de hecho una búsqueda de Dios, por conversión de fuera a dentro y a través del esfuerzo tendente hacia los bienes, las verdades, el conocimiento interior de sí”[14]. Además, en el alma está la ley eterna, la cual llevamos impresa en nuestra alma y es aquella en virtud de la cual es justo que todas las cosas estén perfectamente ordenadas[15]. El alma es aquello por la que los seres humanos aventajan a los animales, y es por ella que es posible enseñorearse sobre las pasiones,[16] las cuales son el detonante?podrían para alejarnos de Dios y por lo tanto conocer el mal.
3. El conocimiento del mal y el mediante el libre albedrío
Por lo expuesto, es por el entendimiento que alcanzamos a comprender y conocer la verdad, que es Dios (para Agustín). Se ha dicho además, que apartarse de su presencia y su luz es acercarse al desorden de las pasiones, las cuales son múltiples y dispersas. El mal, entonces, se conoce cuando el ser humano se aleja del Bien, pero esto sólo es posible en la medida que el libre albedrío así lo quiera. Hay que añadir que el Obispo de Hipona hace una clasificación de bienes y que los divide en grandes (las virtudes), intermedios (potencias del alma) y pequeños (diversas especies del cuerpo)[17]. De las primeras no se pueden usar mal jamás, pero sí de las intermedias y las pequeñas. La voluntad pertenece al bien de los intermedios, cuando el alma participa del Bien Supremo, consigue ser bienaventurada. Lo que es diferente cuando se aleja:
“Pero la voluntad que se aparta del bien inconmutable y común y se convierte hacia sí propia, a un bien exterior o inferior, peca. Se convierte hacia sí misma, como a bien propio, cuando quiere ser dueña de sí misma; conviértese hacia los bienes de otro o cualquiera cosa que no le pertenece; y a los inferiores, cuando ama los placeres del cuerpo. (…) Así resulta que ni aun aquellos bienes que anhelan los pecadores son en manera alguna males, ni lo es tampoco la voluntad libre del hombre (…) sino que el mal consiste en su aversión del Bien inconmutable y en su conversión a los bienes mudables…” (Agustín, Del libre albedrío, Cap. 19, 53)
Según lo expuesto, conocemosnos “acercamos” eal mal por un acto de la voluntad (siempre en simultaneidad con el entendimiento), la cual decide alejarse Dios. Esto implicqua un abandono de la capacidad del alma para conocer lo inteligible, que está próximo a Dios. Por el contrario, el que se aleja de esta búsqueda termina abandonando su propia naturaleza, la cual fue instituida en el momento de la creación. Pero esta tendencia, al mismo tiempo, es inevitable dado que todos los seres son creados “de la nada” y por lo tanto tenderán a ella. Sin embargo, el alma, que posee capacidad de “intelegir” por voluntad de su creador, tiene la posibilidad de acercarse al Bien inmutable, a diferencia de otras especies, ligadas por su naturaleza a la actividad concupiscente.
Según lo expuesto, conocemosnos “acercamos” eal mal por un acto de la voluntad (siempre en simultaneidad con el entendimiento), la cual decide alejarse Dios. Esto implicqua un abandono de la capacidad del alma para conocer lo inteligible, que está próximo a Dios. Por el contrario, el que se aleja de esta búsqueda termina abandonando su propia naturaleza, la cual fue instituida en el momento de la creación. Pero esta tendencia, al mismo tiempo, es inevitable dado que todos los seres son creados “de la nada” y por lo tanto tenderán a ella. Sin embargo, el alma, que posee capacidad de “intelegir” por voluntad de su creador, tiene la posibilidad de acercarse al Bien inmutable, a diferencia de otras especies, ligadas por su naturaleza a la actividad concupiscente.
A modo de conclusión, se infiere que, al no existir el mal con categorías ontológicas, no es posible hablar en estos términos respecto a este tema. Además, la epistemología de Agustín, caracterizada por el iluminismo, sostendría que el conocimiento del mal ocurre en el momento que los seres humanos se alejan del Bien, es decir, de la “luz” que iluminada por sí misma. Esta luz irradia todas las cosas y hace que sean buenas, pero hay que agregar que existen diferentes tipos de bienes, los pequeños (ligados a los cuerpos) son el punto de partida para un distanciamiento no sólo metafísico, sino también epistemológico, puesto que el conocimiento verdadero implica un ejercicio de la razón que trascienda a lo sensible. El planteamiento de Agustín es un esfuerzo por construir una respuesta contra los maniqueos. Como se ha señalado, su inquietud sobre el mal causó en él mucha perturbación y acaso angustia. Es en esta búsqueda que construye una propuesta de inclusiva de un Dios incluyente, que no aparta a nada ni nadie de su bondad. Por el contrario, decide crear a los seres humanos con la capacidad para escoger si viven cerca o lejosalejados alejados de Él. Se suele decir que Agustín tiene un desprecio por el cuerpo y esto no es necesariamente correcto, lo considera como un bien, sólo que es un “bien pequeño”.
En cambio, existen “bienes mayores” como la virtudes, y para conocerlas, es necesario ejercitar el entendimiento, el cual es facultad del alma y que es iluminada por Dios para reconocer la verdad de las cosas. Además, el mal no es un conocimiento en nosotros o fuera de nosotros, es decir, si el mal fuerasería sería un conocimiento en nosotros se podría deducir que existe mal ¿Dónde quedaría entonces la bondad de Dios? Si es un conocimiento fuera de nosotros ¿Dios lo habría creado? Frente a ello, los argumentos de Agustín invitan a pensar que el mal se conoce en cuanto nos apartamos del Bien, pero no es un conocimiento ontológico, es un conocimiento percibido por el entendimiento (siempre en simultaneidad con la voluntad), que tiene la “ley eterna” en el alma y por lo cual le permite saber cuando se está alejando de Dios. El camino del mal no existe, lo que existe son las distancias más alejadas del bien, apartados que pueden conocerse cuando indagamos con el entendimiento sobre las consecuencias de apartarnos de Dios y (en simultáneo) cuando la voluntad, bien intermedio, decide apreciar los bienes menores y alejarse de los superiores, obedeciendo a un elemento constitutivo de su propia creación (el hecho de haber sido creados de la nada) y no disfrutando del mayor bien otorgado por Dios: el entendimiento. El cual puede disfrutar de los bienes mayores (las virtudes) en la medida que el bien intermedio (la voluntad como potencialidad del alma) lo decida.
[1] El siguiente resumen de la teoría cosmológica de Manes es extraído del libro: “Los Maniqueos de la Edad Media” Steven Runciman
[2] Cfr. Runciman 1989:29-31
[3] Cfr. Runciman 1989:35
[4] Cfr. Runciman 1989:36
[5] Cfr. Agustín, Confesiones, Lib. III, Cap. 6
[6] Agustín, Confesiones, Lib VII, cap. 6
[7] Agustín, Confesiones, Lib. VII, cap 6, 8
[8] Agustín, Confesiones Lib. VII, Cap. 9
[9] Agustín, Confesiones, Lib. VII, Cap. 12, 14
[10] Agustín. De la naturaleza del Bien. Cap. 1, P. 773
[11] Cfr. Agustín, Soliloquios, Lib. II, Cap. 4, 316
[12] Gonzales-Quevedo 1955:2
[13] Gonzales-Quevedo 1995:5
[14] Parain 1974:26
[15] Agustín, Del libre albedrío, Cap VI, 15
[16] Agustín, Del libre albedrío, Cap X, 20
[17] Agustín, Del libre albedrío. Cap 19, 50
[2] Cfr. Runciman 1989:29-31
[3] Cfr. Runciman 1989:35
[4] Cfr. Runciman 1989:36
[5] Cfr. Agustín, Confesiones, Lib. III, Cap. 6
[6] Agustín, Confesiones, Lib VII, cap. 6
[7] Agustín, Confesiones, Lib. VII, cap 6, 8
[8] Agustín, Confesiones Lib. VII, Cap. 9
[9] Agustín, Confesiones, Lib. VII, Cap. 12, 14
[10] Agustín. De la naturaleza del Bien. Cap. 1, P. 773
[11] Cfr. Agustín, Soliloquios, Lib. II, Cap. 4, 316
[12] Gonzales-Quevedo 1955:2
[13] Gonzales-Quevedo 1995:5
[14] Parain 1974:26
[15] Agustín, Del libre albedrío, Cap VI, 15
[16] Agustín, Del libre albedrío, Cap X, 20
[17] Agustín, Del libre albedrío. Cap 19, 50
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